ESCRITOS

Como diría el añorado crítico Ernesto Salcedo, el artista Juan Zerép es un pedazo de Isla rindiendo homenaje a Canarias a través de una pincelada que pinta y repinta casas y monte, cielo, flora y mar hasta meternos el paisaje en lo más profundo del alma.
Juan Zerép obsequia a nuestra retina, trasladando al lienzo, a través del óleo, bellos rincones de las islas, fragmentos de la naturaleza atlántica que son hermoseados al pasar por el crisol pictórico del artista.
Me llama mucho la atención la obra de Juan Zerép porque no sólo enaltece la belleza cromática isleña, sino constituye un interesante documento, impregnado de un estilo que prende en el corazón, como gema preciada, el amor y el respeto a la naturaleza y a la tradición.
No se equivocó Enrique Lite cuando dijo que nuestros artistas tienen que salvar muchos obstáculos e incomprensiones y que sólo a unos pocos se les debe una línea de continuidad que ha propiciado la madurez que palpamos en sus creaciones.
La pincelada de Juan Zerép nos adentra en un paisaje que, aunque rezumante de su particular quehacer, mantiene la esencia de nuestro entorno histórico y popular, lo que está llevando al artista a ubicarse en ese estilo tan soñado por otros.
El pintor Zerép trata con valentía el medio canario, a través de una penetración naturalista, cargada de vitalismo lumínico con pinceladas de cariño y toque creativo. Por ahora, descubrir sus emociones y reali-dades artísticas me ha llenado de satisfacción.
Decía Francisco González que el pincel y la pluma se acobardan, se escurren, se caen de las manos que, como instrumentos de creación, los mueven en presencia de la incomunicable hermosura del crepúsculo. Esa hermosura se da en la obra de Juan Zerép y me ha hecho sentir un latido de amor a lo nuestro. Y eso, unido a un trabajo que irrumpe en el arte con buenas intenciones, creo que es importante y se debe tener muy en cuenta.
El modo y la vehemencia con que el pintor tinerfeño afronta su compromiso con su tierra y con el paisaje, son factores decisivos a la hora de comprender la personalidad de Juan Zerép, un canario en el más puro ejercicio del término, con los pies en las Islas y los ojos del espíritu en las ilusiones y en los nobles retos. Un maestro en el ejercicio de dar una respuesta sólida a la exigencia de prender un paisaje, una pasión en lo más interior del ser humano donde anidan los sentimientos por el arte.

Domingo García Barbuzano, Escritor y periodista


El Paisaje y la Luz de Juan Zerép

Con brillante colorido y extraordinaria luminosidad, Zerép nos va describiendo los paisajes isleños, siempre rurales y con un acabado dibujo. Los más intensos son los que plasman los riscos, montañas y roques de la orografía canaria, los matices grisáceos y rojizos de la roca volcánica que formara las islas están magistralmente recogidos; Formas agudas contrastando con la vegetación o la flora espontánea, maravillosa y casi surreal de Las Cañadas del Teide o la simple hierba que crece por la humedad del lugar. El mar es su otro tema predilecto; Las olas barriendo las playas solitarias y los acantilados en los que se vislumbran algunos caseríos, el mar embravecido de oleajes, con dominio de azules que se van graduando. Su tercera temática son los pueblos con su plaza recoleta en la que se alza la iglesia de cal y cantería, protegida a veces por un viejo laurel de indias, con sus casas de rojos tejados pintadas de amarillo o blanco y con puertas y ventanas de madera siempre teñida de verde, casa típica del campo canario, plazas llenas de soledades y de meditaciones. Porque no existe ninguna anécdota humana que turbe éstos paisajes de silencio. La pintura de Zerép es el paisaje por el paisaje mismo.

Desde Tenerife llega al Club Náutico de Las Palmas Juan Zerép. No es la primera exposición que realiza en Gran Canaria; Teror, Telde y el Colegio de Aparejadores capitalino han albergado sus óleos sobre lienzo en los que va recogiendo el paisaje isleño.
Nacido en Santa Cruz de Tenerife, estudió en la Escuela de Artes de su ciudad natal con profesores de la categoría de Pedro Guezala, Carlos Chevilly y Miguel Márquez entre otros. Sin embargo, él se confiesa seguidor del gran paisajista del Teide, Martín González. Porque Zerép es ante todo un paisajista al óleo, que ha recogido con sus pinceles rincones de todas las islas. Sus paisajes más fuertes, más profundamente sentidos son los de la montaña, rocas grises y rojizas propias del volcán, formas agudas contrastando con la vegetación, almendros en flor en el caso de Tejeda, o la flora espontánea, maravillosa y casi surreal de las Cañadas del Teide, o la simple hierba que crece por la humedad del lugar. También plasma los caseríos de torneados balcones de madera por los que trepan las enredaderas de buganvillas, o las plazas de los pueblos con las típicas casas cúbicas de puertas y ventanas de madera pintadas en verde con algún castaño de Indias en su centro, o las costas acantiladas con algún caserío en su cima, batidas por el mar o, la marina de rocas y olas. Podríamos definir la pintura de Zerép, como el paisaje por el paisaje.

Paloma Herrero Académica correspondiente de Bellas Artes de San Fernando


Zerép pone su oficio al servicio de esa parte intangible que lee la luz desde un iris bien distinto al de los ojos naturales. Su pincel arranca atónito y sereno del corazón y escruta el tiempo tanto como la luz, ese ambiente cálido que impregna en sus lienzos, los motivos que consiguen interiorizar al pintor en esa mágica reverencia del arte. Por eso sus cuadros se tornan plácidos y discretos.
La pintura de Juan Zerép encaja perfectamente, como si de piezas de un puzzle se tratara, con las sensaciones que este archipiélago de paz nos clava en el alma. Alguien dijo una vez -y me acuerdo por eso de las cuerdas de Aldana- que la discreción es la forma de disimular lo irremediable. Conforme a lo que escribiera Unamuno, que bien sabe de destierros y distancias, Juan Zerép ha aprendido en el oficio de pintar algo que se traduce en sus manchas y es igualmente irremediable: su conciencia sabe sentir las ideas y pensar los sentimientos, herramientas fundamentales para su sincera lectura de la luz, la misma que nos llega serena y de puntillas desde su mirada interior.

Rubén Díaz, Periodista, Compositor y Crítico


Paisajes de Juan Zerép en Tegueste

Hace Ahora más de una centuria, un grupo de artistas independientes, ajenos al férreo control que la academia ejercía sobre las muestras de arte, que se celebraban en los salones oficiales, decidieron formarse en estudios y talleres alternativos, y ejercitarse en contacto directo con la naturaleza, en su caso en el bos-que de Fontainebleau, en el que habían establecido su taller al natural pintores como Jean-François Millet y Théodore Rousseau. hasta allí acudirían también con sus pinceles, el año 1865, Bazille, Sisley, Monet y Renoir.
Desde entonces a hoy cientos de pintores han recorrido caminos, han pisado calles y han ascendido a cumbres y montañas, para plasmar en sus lienzos las "impresiones" que la contemplación del paisaje les producía, obteniendo mejores o peores resultados, si bien introduciendo en la mayoría de los casos muy escasas o nulas innovaciones o aportaciones personales novedosas.
Ese hecho es perfectamente verificable en nuestro propio ámbito de las Islas, como bien recuerda Ru-bén Díaz en un texto a cuenta de la exposición de Juan Zerép en el teatro Leal de La Laguna, "Desde los instantes inmortales legados por la paleta de Valentín Sanz y la saga de románticos del XIX, los paisajistas se han sucedido plasmando series que han terminado por convertirse en un valiosos inventario documental que continúa acumulando sus fondos para generaciones futuras pese al surgir, fortalecimiento e implanta-ción de la fotografía. Los cuadros de Zerép se tornan plácidos y discretos".
Trasladados a este otro tiempo nuestro, de finales del siglo XX y del segundo milenio, volvemos a en-contrarnos con artistas como Juan Zerép, cuya pintura, al decir de Nicolás Rodríguez "Kolia", "se funde entre el clásico y el impresionismo".
Juan Zerép, que nació en Santa Cruz de Tenerife, se formó artísticamente en la Escuela de Artes de su ciudad natal. entre los profesores que le cupo en suerte contar, figuran buenos maestros de la pintura y la escultura insular, como Carlos Chevilly, Pedro Guezala, Alonso Reyes y Miguel Márquez.
Se ha interesado además por el trabajo pictórico de otros creadores canarios como Martín González (Nicolás Rodríguez).
Infatigable trabajador de la pintura, ha mostrado sus obras en múltiples rincones de la geografía local (Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, San Sebastián de La Gomera, Valverde de El Hierro), nacional (Madrid), e incluso internacional (Alemania).
Su amplísimo repertorio pictórico recoge a estas alturas un considerable catálogo, no sólo de la geografía y la orografía de las islas, sino también de su patrimonio arquitectónico y urbanístico. este hecho por si mismo constituye ya un detalle a tener en cuenta, dado el empeño sin desmayo que muestran muchos de nuestros representantes públicos en acabar con un legado histórico-artístico y de la naturaleza, que a la mayoría nos agradaría seguir disfrutando sin tener que vernos obligados a hacer memoria del mismo a través de cuadros como los realizados por Juan Zerép. En palabras de Alberto Omar Walls, "En su callejear por los pueblos de las Islas, ha ido impregnando su mirada interna de los muy variados cromatismos de la Luz Canaria que sabe captar con extraordinaria maestría". El trabajo, los intentos y las buenas intenciones, de que habla Domingo García Barbuzano, a propósito también del quehacer pictórico de Juan Zerép, son en efecto las mejores "armas" al comenzar una carrera artística, que se desea prolongada en el tiempo y ascendente en cuanto a su calidad

Celestino Hernández Sánchez, Licenciado en Historia del Arte y Crítico


Hay artistas que se apasionan por el paisaje y su entorno. Juan Zerép es uno de ellos. Este hombre tan alto como ancha es su sonrisa, de mirada honda y noble, en su permanente callejear por los pueblos de las Islas, ha ido impregnando su mirada interna de los muy variados cromatismos de la Luz Canaria que sabe captar con extraordinaria maestría.
Para el artista, el arte le sirve de proyección del mundo vivido que subyace en su interior A veces se ve en la necesidad bien por falta de tiempo o por las inclemencias del mismo, de dar las últimas pinceladas de su obra en el estudio, entonces el artista azuzará las imágenes del recuerdo para luego enarbolar el pincel en el aire como un bisturí del tiempo, para ir marcándole las venas a la memoria sobre el lienzo, para ir pintando el cuerpo del paisaje. Así le resurgirá poco a poco las remembranzas vividas, Conjuga luego los colores aprendidos de la realidad con las poéticas añoranzas internas que él descubrió o halló de pronto en un rincón, o una plaza, quizá en un barranco, o en una romántica fuente de agua sonora.
Parte del arte estriba en la selección y manipulación de la realidad, que se rinde en las manos del hombre: Ahí se produce una elaboración previa que se amalgama con la vida íntima del creador. Por esa razón, quizá, la fuerza de algunos trazos parezca querer enervar el mar de lava por debajo del dólmen, peñasco o tótem pétreo. O que la soledad de una calle se vea refrescada con el suave movimiento de las sombras de los árboles que se proyectan indolentes en la pared blanca de un convento.
En esta exposición Zerép presenta un conjunto de obras llenas de ternura y sensibilidad creando una atmósfera y profundidad inigualables.

Alberto Omar Walls, Escritor, Director de cine y Crítico


Zerép: En un mundo azul

Este pintor de tonos azulados y olor a marismas, nos trae ahora sus visiones de mar o de caseríos con el tibio olor a útero de la madera recién quemada.
Para este hombre de pelo cano, la pintura es como los amores de la mariposa, condenados a una muerte casi inmediata, casi instantánea, aunque la efímera suerte del lienzo se contradice con la eternidad del paisaje. Las montañas no se van como las personas, ni tampoco el vals del mar y nosotros somos apenas privilegiados testigos de paso, inquilinos de ese habitáculo-maravilla fascinante donde las olas se van pero regresan y las casitas de tejas envejecen con su aroma de hogar con la extrema dignidad de la piedra. La pintura es para él un proyecto de la imaginación, una estructura totalmente imaginaria pero por lo mismo tan eterna como la montaña, la que estaba allí para siempre. Nadie se hará nunca más mejor ni más joven que la montaña.
Para Juan Zerép, pintor con sobrado reconocimiento, el paisaje y la luz son lo fundamental, lo que define a tu hábitat natural, lo que merece ser eternizado como las olas que jamás nos abandonan.
Poeta plástico de mareas y montañas, caseríos y paisajes, oscilando entre el arte clásico y el impresionismo, la pintura de Juan Zerép le debe su existencia a elementos tan familiares como la vieja casona, la montaña, la piedra, los malos humores o la generosidad de la luz. Existe un viejo proverbio judío que asegura que quien ve a un ángel se ciega. Pero en los lienzos de Zerép, la luz y la montaña coquetean con el autor sin miedo a la ceguera, y el mar se alía "como un espejo de conchas abiertas al insaciable deseo del sol" que rebota e inventa paisajes, crea perlas de ilusión en la cresta de las olas y además es casa, madre y tumba, aparte de melodía cadenciosa; tumba u horno del pan.
Pero también dice que la luz es un riesgo: te ilumina o te ciega para siempre. Un mundo a oscuras no lo concibe este pintor tinerfeño al que dieron a luz varias veces, cuando nació como persona y cuando vio poéticamente la luz como artista. Quizá esa discreta ingenuidad amable de su obra se debe a una visión del mundo basada en alumbramientos constantes: los del nacimiento y los deslumbramientos del sol rebotado como contra un espejo sobre la superficie del mar o en las fachadas de las casonas familiares.
Para este pintor-poeta el complejo de Edipo no es un problema: reconoce su fascinación por la mar -que castiga o da de comer-, el aroma de la hoguera, el de la vieja casa, la montaña de siempre, la callejuela del primer beso furtivo, el primer arrumaco, y todo un planeta envuelto en el celofán azul del mar o el cielo. Su paisaje es su obra de arte.

Salvador Sagaseta, Periodista


El pintor que hoy tengo la satisfacción de presentar es uno de esos plácidos pintores anclados en la fidelidad a la nostalgia de la belleza paisajística que primero vieron sus ojos cuando era niño.
En esta tierra canaria tan fértil para todo, también lo ha sido para el arte y cada época ha sido pródiga en espíritus y estilos.
Juan Zerép desde muy pequeño se ve inclinado de forma visceral por el arte, y su madre, clara receptora, capta esta determinante sensibilidad y le matricula en la Escuela de Artes y Oficios ubicada en la histórica plaza de Irineo González de Santa Cruz de Tenerife. Allí aprende sobre todo dibujo y pintura que es lo que más le interesa de modo inequívoco y en su mágico ritual resolutivo contrae nupcias con el color y la forma.
El contexto de estos años se desarrollaba en el ambiente sombrío y triste de la larguísima posguerra española, caldo de cultivo no obstante propicio para profundas reflexiones filosóficas vitales que luego darían magníficos frutos.
Pero ello no era óbice para que Santa Cruz fuese un precioso e inmenso jardín bordeado de playas y coloristas muelles, este fue uno de los idílicos paisajes que impregnaron las pupilas y el recuerdo de Juan Zerép.
Por eso durante años este es el motivo y el tema de sus pinturas que son corregidas por sus profesores Don Alonso Reyes, al que debemos las esculturas de la Plaza de España, Guezala, Chevilly y Miguel Marquez entre otros.
en este tiempo siente gran admiración por pintores canarios de otras épocas como Baltasar de las Casas, el licenciado Gaspar de Quebedo, Nestor de la Torre, Felo Monzón, Manolo Millares, Oscar Domínguez.
Es por esto que en los óleos y acuarelas de Juan Zerép van apareciendo nuevos elementos y así sus cuadros de esta época presentan una estructura clásica pero con las innovaciones canarias más su propio aporte personal. La composición obedece a consignas indigenistas heredadas de su amistad con Felo Monzón. Aunque quien más influye en Juan Zerép en esta década de los sesenta es su gran amigo Julio Viera a quien conoce en Las Palmas, de él obtiene mayor soltura en la pincelada y más resolución en la ejecución final.
En su periplo pictórico no quiero olvidar su larga etapa en Alemania donde hizo algunas exposiciones. Siente gran admiración por los grandes pintores alemanes, también por el grupo Cobra y sus descendientes Estilo Cobra y Post Cobra y comienza a su vuelta a las islas su aventura con el cuasi-abstracto pero pronto lo abandonará para volver a sus orígenes paisajísticos canarios.
Enamorado de los azules de Martín González inicia su introspección en esta gama, siendo entonces el paisaje un mero motivo que le hace sumergirse, bien en el ancho mar, bien en el profundo cielo.
A principio de los setenta fue cuando le conocí. Su cuerpo grande y su voz atronadora y sentencial hacían de él un líder nato y se sumó a las tertulias de Serrano 71 (mi casa) donde en aquellos años nos reuníamos, por nombrar algunos, Julio Ayala, periodista y poeta, Juan Cruz Ruiz, periodista y escritor, el músico y escritor Roberto Cabrera, los músicos Servando Díaz de la Rosa, Antonio Ariza, Agustín Argani, Manuel Abreu, Ramón Triviño, gentes del teatro como Fabi Díaz, el recién malogrado director de cine y teatro Fernando H. Guzmán, el poeta Jesús R. Castellano y tantísimos otros nombres. De este caldo de cultivo se nutren las nuevas obras de Juan Zerép que siempre con la humildad que le caracteriza sigue fiel a su nueva singladura de búsqueda de los azules.
Durante la década de los ochenta sigue indagando sobre la pintura paisajista de las islas y este es su noble destino.
En su obra más que un mensaje hay un deseo, una reivindicación ecológica, negándose a pintar moles de cemento y asfalto. Sus obras de forma sutil enarbolan la bandera utópica del Jardín de las Hespérides pareciendo que surgen de paisajes del alma canaria.
Como le dijo con motivo de la inauguración de su exposición en el Convento de Garachico el expresidente de Venezuela Don Rafael Caldera, "Juan Zerép exporta a mi país estos desnudos sentimientos canarios".
O como le dijo en cierta ocasión César Manrique, "En tus bondadosos paisajes existen inquietantes azules preñados de eternos interrogantes".
Una exposición de gran impacto fue la del Casino de La Laguna inaugurada por Yamil Omar, su obra fue muy admirada por el artista Freddy Moore.
Asimismo fue muy comentada su exposición en el Liceo de La Orotava.
Expone también en la Bodeguita de Caco en Madrid donde un galerista estadounidense adquiere dos de sus obras.
Si ustedes tienen el placer de conocerle como yo le conozco desde hace más de veinticinco años, notarán en él que esa extraordinaria pasión de hablar de arte no es nada nuevo, eso le viene de siempre.

Nicolás Rodríguez (Kolia), Crítico, Pintor y Escritor


HORIZONTES

Juan Zerép posee una dicción propia en el lenguaje de la pintura al óleo. Con sus pinceles, junto a una técnica despertada, su peculiaridad es saber mirar y reproducir el significado de su entorno, que concibe con visión propia.
Paisajes nuevos, olvidados, horizontes marinos y terrestres, son magistralmente logrados por las diferentes tonalidades de color hasta un punto que figura como un canto a la naturaleza.
La creación artística de Juan Zerép está en la belleza y luminosidad de su obra. Como consecuencia inmediata nos vienen a la imaginación nuestros paisajes, los que tenemos presentes en cualquier lugar libre de obstáculos. El comentario obligado es que todavía quedan muchas formas de interpretar el paisaje como él muy bien refleja en su pintura.

Pedro Ramírez R., Directivo Responsable de Cultura del Circulo Mercantil de Las Palmas de Gran Canaria


A Juan Zerép, pintor de la Luz de Canarias

Por el aire trotando
muy volandero,
ha llegado a mis manos
viva en recuerdos,
mi buganvilla sepia
dentro de un lienzo.
Y el Farolillo amigo
que apagó el tiempo,
un pincel lo ha encendido
como en los cuentos.
Tus pinceles amigo,
desvelan sueños
porque yo en mi retina
llevo a mi pueblo...
Y he visto aquel balcón
donde mis abuelos
descansaban tranquilos
del ajetreo.

Por esa pina calle
tan de mi tiempo,
la cara de mi madre
creo estar viendo,
en los claros colores
que vas vertiendo.
Gracias artista amigo
por este encuentro,
por mostrarnos tu arte
de esencias lleno,
por tomar de la vida
todo lo bello
y dejarlo plasmado
sobre tus lienzos.
Artista de mi tierra
que marcas mi sendero
el eco de tu arte
hoy, despertó mi verso.

Tus pinceles amigo,
desvelan sueños,
con azules de mar,
con las olas creciendo,
que en tus cuadros parecen
que están batiendo
y salpicos de espuma
mojan el suelo.
Pero en otros lo muestras
tan manso y quieto
que a las coquetas playas
sirve de espejo.
Mar bravío y en calma,
de azules prieto.
el color de Canarias
canta en tus lienzos.

Elsa Hernández Baute