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Como diría el añorado crítico Ernesto Salcedo,
el artista Juan Zerép es un pedazo de Isla rindiendo homenaje
a Canarias a través de una pincelada que pinta y repinta casas
y monte, cielo, flora y mar hasta meternos el paisaje en lo más
profundo del alma. Domingo García Barbuzano, Escritor y periodista El Paisaje y la Luz de Juan Zerép
Con brillante colorido y extraordinaria luminosidad, Zerép nos
va describiendo los paisajes isleños, siempre rurales y con un
acabado dibujo. Los más intensos son los que plasman los riscos,
montañas y roques de la orografía canaria, los matices
grisáceos y rojizos de la roca volcánica que formara las
islas están magistralmente recogidos; Formas agudas contrastando
con la vegetación o la flora espontánea, maravillosa y
casi surreal de Las Cañadas del Teide o la simple hierba que
crece por la humedad del lugar. El mar es su otro tema predilecto; Las
olas barriendo las playas solitarias y los acantilados en los que se
vislumbran algunos caseríos, el mar embravecido de oleajes, con
dominio de azules que se van graduando. Su tercera temática son
los pueblos con su plaza recoleta en la que se alza la iglesia de cal
y cantería, protegida a veces por un viejo laurel de indias,
con sus casas de rojos tejados pintadas de amarillo o blanco y con puertas
y ventanas de madera siempre teñida de verde, casa típica
del campo canario, plazas llenas de soledades y de meditaciones. Porque
no existe ninguna anécdota humana que turbe éstos paisajes
de silencio. La pintura de Zerép es el paisaje por el paisaje
mismo. Desde Tenerife llega al Club Náutico de Las Palmas Juan Zerép.
No es la primera exposición que realiza en Gran Canaria; Teror,
Telde y el Colegio de Aparejadores capitalino han albergado sus óleos
sobre lienzo en los que va recogiendo el paisaje isleño. Paloma Herrero Académica correspondiente de Bellas Artes de San Fernando Zerép pone su oficio al servicio de esa parte intangible que lee la luz desde un iris bien distinto al de los ojos naturales. Su pincel arranca atónito y sereno del corazón y escruta el tiempo tanto como la luz, ese ambiente cálido que impregna en sus lienzos, los motivos que consiguen interiorizar al pintor en esa mágica reverencia del arte. Por eso sus cuadros se tornan plácidos y discretos. La pintura de Juan Zerép encaja perfectamente, como si de piezas de un puzzle se tratara, con las sensaciones que este archipiélago de paz nos clava en el alma. Alguien dijo una vez -y me acuerdo por eso de las cuerdas de Aldana- que la discreción es la forma de disimular lo irremediable. Conforme a lo que escribiera Unamuno, que bien sabe de destierros y distancias, Juan Zerép ha aprendido en el oficio de pintar algo que se traduce en sus manchas y es igualmente irremediable: su conciencia sabe sentir las ideas y pensar los sentimientos, herramientas fundamentales para su sincera lectura de la luz, la misma que nos llega serena y de puntillas desde su mirada interior. Rubén Díaz, Periodista, Compositor y Crítico Paisajes de Juan Zerép en Tegueste Hace Ahora más de una centuria, un grupo de artistas
independientes, ajenos al férreo control que la academia ejercía
sobre las muestras de arte, que se celebraban en los salones oficiales,
decidieron formarse en estudios y talleres alternativos, y ejercitarse
en contacto directo con la naturaleza, en su caso en el bos-que de
Fontainebleau, en el que habían establecido su taller al natural
pintores como Jean-François Millet y Théodore Rousseau.
hasta allí acudirían también con sus pinceles,
el año 1865, Bazille, Sisley, Monet y Renoir. Celestino Hernández Sánchez, Licenciado en Historia del Arte y Crítico Hay artistas que se apasionan por el paisaje y su entorno. Juan Zerép es uno de ellos. Este hombre tan alto como ancha es su sonrisa, de mirada honda y noble, en su permanente callejear por los pueblos de las Islas, ha ido impregnando su mirada interna de los muy variados cromatismos de la Luz Canaria que sabe captar con extraordinaria maestría. Para el artista, el arte le sirve de proyección del mundo vivido que subyace en su interior A veces se ve en la necesidad bien por falta de tiempo o por las inclemencias del mismo, de dar las últimas pinceladas de su obra en el estudio, entonces el artista azuzará las imágenes del recuerdo para luego enarbolar el pincel en el aire como un bisturí del tiempo, para ir marcándole las venas a la memoria sobre el lienzo, para ir pintando el cuerpo del paisaje. Así le resurgirá poco a poco las remembranzas vividas, Conjuga luego los colores aprendidos de la realidad con las poéticas añoranzas internas que él descubrió o halló de pronto en un rincón, o una plaza, quizá en un barranco, o en una romántica fuente de agua sonora. Parte del arte estriba en la selección y manipulación de la realidad, que se rinde en las manos del hombre: Ahí se produce una elaboración previa que se amalgama con la vida íntima del creador. Por esa razón, quizá, la fuerza de algunos trazos parezca querer enervar el mar de lava por debajo del dólmen, peñasco o tótem pétreo. O que la soledad de una calle se vea refrescada con el suave movimiento de las sombras de los árboles que se proyectan indolentes en la pared blanca de un convento. En esta exposición Zerép presenta un conjunto de obras llenas de ternura y sensibilidad creando una atmósfera y profundidad inigualables. Alberto Omar Walls, Escritor, Director de cine y Crítico Zerép: En un mundo azul
Este pintor de tonos azulados y olor a marismas, nos trae ahora sus
visiones de mar o de caseríos con el tibio olor a útero
de la madera recién quemada. Salvador Sagaseta, Periodista El pintor que hoy tengo la satisfacción de presentar es uno de esos plácidos pintores anclados en la fidelidad a la nostalgia de la belleza paisajística que primero vieron sus ojos cuando era niño. En esta tierra canaria tan fértil para todo, también lo ha sido para el arte y cada época ha sido pródiga en espíritus y estilos. Juan Zerép desde muy pequeño se ve inclinado de forma visceral por el arte, y su madre, clara receptora, capta esta determinante sensibilidad y le matricula en la Escuela de Artes y Oficios ubicada en la histórica plaza de Irineo González de Santa Cruz de Tenerife. Allí aprende sobre todo dibujo y pintura que es lo que más le interesa de modo inequívoco y en su mágico ritual resolutivo contrae nupcias con el color y la forma. El contexto de estos años se desarrollaba en el ambiente sombrío y triste de la larguísima posguerra española, caldo de cultivo no obstante propicio para profundas reflexiones filosóficas vitales que luego darían magníficos frutos. Pero ello no era óbice para que Santa Cruz fuese un precioso e inmenso jardín bordeado de playas y coloristas muelles, este fue uno de los idílicos paisajes que impregnaron las pupilas y el recuerdo de Juan Zerép. Por eso durante años este es el motivo y el tema de sus pinturas que son corregidas por sus profesores Don Alonso Reyes, al que debemos las esculturas de la Plaza de España, Guezala, Chevilly y Miguel Marquez entre otros. en este tiempo siente gran admiración por pintores canarios de otras épocas como Baltasar de las Casas, el licenciado Gaspar de Quebedo, Nestor de la Torre, Felo Monzón, Manolo Millares, Oscar Domínguez. Es por esto que en los óleos y acuarelas de Juan Zerép van apareciendo nuevos elementos y así sus cuadros de esta época presentan una estructura clásica pero con las innovaciones canarias más su propio aporte personal. La composición obedece a consignas indigenistas heredadas de su amistad con Felo Monzón. Aunque quien más influye en Juan Zerép en esta década de los sesenta es su gran amigo Julio Viera a quien conoce en Las Palmas, de él obtiene mayor soltura en la pincelada y más resolución en la ejecución final. En su periplo pictórico no quiero olvidar su larga etapa en Alemania donde hizo algunas exposiciones. Siente gran admiración por los grandes pintores alemanes, también por el grupo Cobra y sus descendientes Estilo Cobra y Post Cobra y comienza a su vuelta a las islas su aventura con el cuasi-abstracto pero pronto lo abandonará para volver a sus orígenes paisajísticos canarios. Enamorado de los azules de Martín González inicia su introspección en esta gama, siendo entonces el paisaje un mero motivo que le hace sumergirse, bien en el ancho mar, bien en el profundo cielo. A principio de los setenta fue cuando le conocí. Su cuerpo grande y su voz atronadora y sentencial hacían de él un líder nato y se sumó a las tertulias de Serrano 71 (mi casa) donde en aquellos años nos reuníamos, por nombrar algunos, Julio Ayala, periodista y poeta, Juan Cruz Ruiz, periodista y escritor, el músico y escritor Roberto Cabrera, los músicos Servando Díaz de la Rosa, Antonio Ariza, Agustín Argani, Manuel Abreu, Ramón Triviño, gentes del teatro como Fabi Díaz, el recién malogrado director de cine y teatro Fernando H. Guzmán, el poeta Jesús R. Castellano y tantísimos otros nombres. De este caldo de cultivo se nutren las nuevas obras de Juan Zerép que siempre con la humildad que le caracteriza sigue fiel a su nueva singladura de búsqueda de los azules. Durante la década de los ochenta sigue indagando sobre la pintura paisajista de las islas y este es su noble destino. En su obra más que un mensaje hay un deseo, una reivindicación ecológica, negándose a pintar moles de cemento y asfalto. Sus obras de forma sutil enarbolan la bandera utópica del Jardín de las Hespérides pareciendo que surgen de paisajes del alma canaria. Como le dijo con motivo de la inauguración de su exposición en el Convento de Garachico el expresidente de Venezuela Don Rafael Caldera, "Juan Zerép exporta a mi país estos desnudos sentimientos canarios". O como le dijo en cierta ocasión César Manrique, "En tus bondadosos paisajes existen inquietantes azules preñados de eternos interrogantes". Una exposición de gran impacto fue la del Casino de La Laguna inaugurada por Yamil Omar, su obra fue muy admirada por el artista Freddy Moore. Asimismo fue muy comentada su exposición en el Liceo de La Orotava. Expone también en la Bodeguita de Caco en Madrid donde un galerista estadounidense adquiere dos de sus obras. Si ustedes tienen el placer de conocerle como yo le conozco desde hace más de veinticinco años, notarán en él que esa extraordinaria pasión de hablar de arte no es nada nuevo, eso le viene de siempre. Nicolás Rodríguez (Kolia), Crítico,
Pintor y Escritor HORIZONTES
Juan Zerép posee una dicción propia en el lenguaje de
la pintura al óleo. Con sus pinceles, junto a una técnica
despertada, su peculiaridad es saber mirar y reproducir el significado
de su entorno, que concibe con visión propia. Pedro Ramírez R., Directivo Responsable de Cultura del Circulo Mercantil de Las Palmas de Gran Canaria A Juan Zerép, pintor de la Luz de Canarias
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