Desde muy temprana edad se podía notar que la niña iba pa artista. Un día, después de un paseo campestre con su padre, el pintor Juan Zerép y el también pintor Kolia, jugando en el estanque de los patos del parque García Sanabria de Santa Cruz de Tenerife, Rosanna, persiguiendo a uno de estos bichos, resbaló en el musgo y se cayó de narices al estanque. Papá fue el primero en darse cuenta y ni corto ni perezoso acudió al rescate... cayéndose él también al estanque.
Rosanna estaba salvada, y la situación había pasado de tragedia a comedia en un instante. Al deshacerse de sus ropas mojadas, el objetivo fotográfico de Kolia inmortalizó la anécdota y Rosanna inició un largo romance con la cámara.